PREMIAR AL ELECTOR EN LUGAR DE SANCIONAR.
Al iniciar la partidocracia en 1958, los políticos acordaron hacer obligatorio el voto, contemplando sanciones para aquellos que no pudieran justificar el de haber cumplido con el deber de votar: No podían salir del país, tramitar documentos públicos durante un determinado periodo de tiempo. Esto duro solo cuatro elecciones porque notaron que los ciudadanos que no eran activistas políticos, se inclinaban para votar por la oposición.
Al reformar el sistema electoral, quitan el voto obligatorio, incluyen junto a voto lista, el voto uninominal, se separan las elecciones de Jefe de Estado, gobernadores y Alcaldes o municipales.
Es cuando comenzamos a ver la disminución de la asistencia el elector. El voto para presidente se considera el portaviones que sirve para atraer para el resto de las otras elecciones. Pero al igual que en otros países con tradición democrática, cuesta atraer al elector, por eso los partidos se concentran en mantener cautivos a su militancia y atraer al voto indeciso con promesas electorales algunas difíciles de cumplir, aun así, es necesario que el elector acuda en masa a votar para responsabilizarse de su elección. Por eso proponemos que en lugar de castigar al elector, crear incentivos solo por acudir a votar, en lugar de sancionar por no hacerlo: Reconocimiento por buen ciudadano, filas preferenciales en tramites ante organismos oficiales, descuentos en tiendas, algo que puede servir de incentivo para comerciantes, para atraer clientes, un descuento especial para Buen ciudadano.
Esto debe acompañarse con el voto uninominal como lo ha planteado Felipe Torrealba, voto que nos permite identificar plenamente por quien votamos para diputados, concejales y no como lo hacemos hoy día, por listas cerradas con integrantes que pocos o nadie conoce, porque se vota por un color y no por personas con nombre y apellido.

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